El aprendizaje en la universidad requiere aplicar funciones cognitivas complejas, cumplir plazos, entregar tareas, colaborar con otros y adaptarse a diferentes formas de evaluación. En ese proceso, es posible que te veas trabajando mucho y obteniendo resultados por debajo de tus expectativas.
Por eso, aprender con eficacia es clave para que el tiempo invertido sea realmente rentable en términos de crecimiento académico y profesional.
Cuando el estudio se apoya únicamente en herramientas de base memorística, los resultados, si llegan, suelen sostenerse a corto plazo, pueden ser frágiles y se olvidan con rapidez. Sin embargo, lo que se busca en la universidad es el desarrollo de competencias orientadas a la aplicación profesional, es decir, un aprendizaje duradero y útil.
La buena noticia es que no todo depende de estudiar más horas. La neurociencia cognitiva ha desarrollado y analizado técnicas que han mostrado eficacia en estudios experimentales. Si sabes aplicarlas según tus necesidades, la calidad de tu aprendizaje puede mejorar de forma sustancial.
A continuación, te presento varias. Seguro que más de una puede servirte.
Existe la idea de que aprender mejor depende, sobre todo, de dedicar muchas horas. Sin embargo, estudiar más no siempre significa aprender mejor.
Aprender con eficacia implica que la información no solo se recuerde durante unas horas o unos días, sino que pueda comprenderse, organizarse, recuperarse y aplicarse más adelante. Ahí es donde entran en juego determinadas estrategias que ayudan al cerebro a consolidar el aprendizaje de forma más sólida.
Con frecuencia te encontrarás con la dificultad de recordar un dato, una definición o un concepto. Esta técnica consiste en esforzarse por recordar sin recurrir de inmediato a los materiales de estudio.
Aunque al principio pueda parecer más lenta o incómoda, se ha demostrado que esta estrategia es superior a la relectura clásica cuando se busca una retención a largo plazo. El cerebro reconstruye los conceptos a partir de los datos que va recuperando de forma progresiva.
Por eso, cuando no recuerdes algo a la primera, no abandones enseguida. Esfuérzate, confía en el proceso y ten paciencia.
Puede que pienses que dedicar varias horas seguidas a un mismo tema es una forma eficaz de estudiar. Sin embargo, la evidencia indica que distribuir el tiempo de estudio genera un aprendizaje más sólido.
El aprendizaje significativo requiere formar nuevos conceptos y conexiones. Las jornadas maratonianas exponen al cerebro a una gran cantidad de información nueva en poco tiempo. Esto puede ejercitar la memoria a corto plazo, pero no siempre deja espacio suficiente para la asimilación.

Lo recomendable es repartir el estudio en sesiones más breves y frecuentes, preferiblemente a lo largo de varios días. Eso sí: esta técnica funciona especialmente bien cuando se acompaña de constancia.
El intercalado consiste en alternar temas o tipos de problemas dentro de una misma sesión de estudio.
Es una técnica especialmente interesante porque favorece que pongas en marcha distintas formas de razonamiento y que no respondas siempre desde el mismo patrón mental. Esto mejora la flexibilidad cognitiva y puede ayudarte a ganar perspectiva y creatividad en la resolución de problemas.
Suele resultar especialmente útil en aprendizajes más abstractos, simbólicos o que requieren comparar procedimientos.
El aprendizaje basado únicamente en la lectura repetitiva puede generar conocimientos rígidos, difíciles de aplicar después en contextos reales.
Por eso, elaborar representaciones gráficas del contenido puede ayudarte desde el mismo momento en que las construyes. Algunos ejemplos son: mapas mentales, mapas conceptuales, redes semánticas, diagramas de árbol, mentefactos,etc.
La esquematización favorece la abstracción, la organización y la comprensión de los conocimientos. Además, contar con un pequeño archivo personal de esquemas y resúmenes visuales puede ser de gran ayuda cuando necesites repasar un tema de forma rápida.
La metacognición es el conocimiento y la gestión que haces de tus propios procesos mentales. En otras palabras, implica saber cómo estás aprendiendo, qué te está funcionando y qué no.
Es importante reconocer cuándo has aprendido de forma satisfactoria y cuándo todavía no. En este punto puede interesarte conocer el conocido efecto Dunning-Kruger, que explica cómo, en fases iniciales del aprendizaje, una persona puede llegar a sentir que domina un tema simplemente porque aún no se ha enfrentado a toda su complejidad.
Una monitorización realista del propio aprendizaje requiere autoevaluación honesta, capacidad de detectar errores y disposición para ajustar las estrategias cuando sea necesario.
Aprender requiere esfuerzo, dedicación y continuidad, pero el descanso oportuno también forma parte del proceso.

Conviene evitar largos periodos de inactividad que después desembocan en jornadas de estudio extenuantes en vísperas de exámenes o entregas. Lo más eficaz suele ser planificar el trabajo desde el inicio del semestre y distribuirlo de forma cotidiana, en lugar de depender únicamente de la presión de tareas o pruebas finales.
También es importante reservar tiempo para la actividad física, la vida social, las distracciones saludables y, por supuesto, para momentos de descanso real.
“Engancharte” a trabajar sin pausa puede llevarte al agotamiento y afectar a tu bienestar psicológico. El tiempo que inviertas en tu carrera debe ir acompañado de un autocuidado cotidiano.
La disciplina es importante para trabajar, pero también para saber cuándo dejar de hacerlo.
Aprender con eficacia no depende solo de estudiar más horas, sino de hacerlo mejor. Aplicar estrategias como la recuperación activa, la distribución del estudio, el intercalado, la esquematización, la metacognición o el descanso disciplinado puede ayudarte a construir un aprendizaje más sólido, útil y duradero.
Porque en la universidad no se trata solo de aprobar, sino de adquirir competencias que puedas aplicar en tu futuro académico y profesional.
Si te interesa profundizar en estas cuestiones, en el Grado en Psicología de la UEMC se abordan áreas como la Psicología del aprendizaje, una disciplina que permite comprender mejor cómo adquirimos conocimientos, cómo los consolidamos y cómo podemos mejorar nuestra forma de estudiar.

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