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    NUTRICIÓN  | 3 MIN DE LECTURA

    El coronavirus y las dos caras de la malnutrición

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    Escrito por:
    Paula Crespo Escobar
    Profesora del grado en Nutrición humana y dietética
    Una mujer joven con mascarilla realiza una compra en el supermercado durante el estado de alarma por coronavirus

    Si algo nos está dejando la pandemia del SARS-CoV-2 son muchas lecciones aprendidas, muchas de ellas relacionadas con la nutrición. Y es que la malnutrición influyen negativamente en cualquier enfermedad: por defecto, la desnutrición, y por exceso, la obesidad.

    En el caso de la desnutrición, juega un doble papel: como consecuencia de la propia enfermedad y también como factor de riesgo de agravar el pronóstico. Esto es algo que ya se vio en el estudio PREDyCES (Prevalencia de la Desnutrición y Costes Asociados en España), donde se indica que uno de cada 4 pacientes hospitalizados presentan desnutrición asociada a la propia enfermedad de base, principalmente personas mayores de 70 años.

    En el caso del coronavirus se ha visto que los infectados tiene más riesgo de desnutrición, y que la pérdida de peso y masa muscular era mucho más evidente que en otros pacientes. Por eso, las sociedades europeas de referencia han insistido mucho en que el control y soporte nutricional tiene que ser parte del tratamiento integral de la infección por Covid-19 ya que, entre otras medidas,  es un pilar fundamental para evitar complicaciones.

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    Y no sólo eso, sino que indicaban, literalmente, que además de proporcionar protección y material a los sanitarios, había que contar con nutricionistas para el abordaje integral de la enfermedad.

    Pero ¿tanto influye la desnutrición? A nivel de salud, se ha visto que los pacientes que la sufren pasan más tiempo ingresados, aumenta la posibilidad de un reingreso por complicaciones, son  más susceptibles a sufrir infecciones y que se complique su enfermedad, y como consecuencia que se agrave su estado, aumentando la morbimortalidad.

    ¿Y los costes sanitarios? Se duplican. Este estudio también estimó que el coste de personas ingresadas con desnutrición era 12.237 € frente a los 6.408 € de un paciente sin desnutrición.

    Y con la obesidad, ¿qué ha pasado? A día de hoy podemos afirmar que la obesidad agrava la infección y complicaciones derivadas de la COVID-19, no sólo en personas ancianas, también en la población joven y adulta menor de 60 años. Los estudios epidemiológicos y descriptivos sobre los pacientes de coronavirus que tenemos a día de hoy, estiman que hasta el 50% de los pacientes ingresados en UCI por coronavirus, presentaban sobrepeso u obesidad, estimando también que el riesgo de complicaciones era hasta seis veces mayor si un paciente de COVID-19 sufría obesidad.

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    ¿Pero por qué? Si bien es cierto que, como siempre en investigación, se necesitan más estudios para identificar los mecanismos exactos que asocian la obesidad a una peor evolución del COVID-19, hoy sabemos que la obesidad provoca que disminuya la capacidad respiratoria y que haya peor ventilación pulmonar, porque cuesta más respirar y aumenta el esfuerzo que hay que hacer.

    Pero también, se sabe que en la obesidad hay un estado de inflamación constante, crónica. Y esto es un escenario nada favorable para nuestro sistema inmune, que puede encontrarse alterado, e incluso debilitado, dejándonos menos soldados libres para luchar contra el coronavirus. 

    Así que, con todos los datos sobre la mesa, algunos expertos ya han sugerido que, frente a un posible repunte, se incluya entre población de riesgo a las personas con obesidad o desnutrición, tengan o no patologías previas.

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    Parece que habrá que incluir entre las medidas de prevención, no solo medidas higiénicas y distanciamiento social, sino también reducir la prevalencia de sobrepeso y obesidad. Y en esta reducción de peso, no todo vale. En general, la pérdida de peso brusca, de manera descontrolada y sin supervisión profesional, ha demostrado tener efectos negativos sobre la salud y el metabolismo. Así que hay que hacerlo bien, de manera controlada, y por supuesto con asesoramiento y seguimiento de un dietista-nutricionista: profesionales sanitarios expertos en alimentación, con la titulación superior del grado en Nutrición Humana y Dietética.

    ¿Pero tanta es la prevalencia de sobrepeso y obesidad en España como para preocuparnos de ello? Tanto es así, que podríamos afirmar que es una pandemia, silenciosa, pero pandemia. 

    Hablemos de cifras. Según la última Encuesta Nacional de Salud publicada, casi un 20% de la población española mayor de 18 años, sufre obesidad, y hasta un tercio (37%) sufre sobrepeso, siendo más frecuente en hombres que en mujeres, en ambos casos.

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    Esto significa que las cifras de obesidad se han triplicado desde 1975, año en el que se empezaron a registrar datos epidemiológicos. Y no solo eso, con esta tendencia, en 2030 se estima que habrá incrementado un 16% el número de casos y un 58% su sobrecoste sanitario directo.

    Si a esto le sumamos, que se calcula que anualmente en España mueren entre 2,5 y 3 millones de personas debido a las complicaciones derivadas de la obesidad (diabetes, hipertensión enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer…) hagan sus cálculos. Complicaciones además, que se pueden prevenir con ejercicio físico regular y con el fomento de hábitos alimentarios saludables, a través de educación e intervención nutricional.

    Y ahora, con estos datos y cifras, ¿alguien duda de la importancia de la nutrición?

    Nueva llamada a la acción

    Publicado el 28 de mayo del 2020 - Actualizado el 5 de octubre del 2020
    Categorías: NUTRICIÓN

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